El día que bombardearon Punta del Este
Por Julio Zoppi
El Capitán Ventura sobrevolaba con su Bolivarian Hawk la elegante zona de José Ignacio, un suburbio de Punta Del Este donde se radicaban las casas de muchos ricos y famosos argentinos. Pensaba para si mismo que lindo era manejar estos aviones tan modernos, esos eran los beneficios de arreglar las cosas con los yanquis. De pronto la adrenalina pareció inflar toda su piel con un voltaje indescriptible.
—Aquí LVQ23 a comando, habla el Capitán Ventura, tengo en mira la casa de Mirtha Legrand, pido autorización para hacer fuego sobre objetivo, cambio…
—Aquí comando, fuego autorizado, repito fuego sobre blanco autorizado
Los dedos del Capitán temblaban, nervioso marcó el US 134-56, la palabra “target confirmed” apareció titilante en el tablero. Entonces apretó el joystick gigante con tanta fuerza que casi lo rompe.
—Fuegoooo…
El misilazo hizo estallar en pedazos la mansión de Mirtha y dos construcciones vecinas. La orden era sólo ricos y famosos, bueno, pensó el Capitán Ventura, si los yanquis también se equivocan y cuando busca pegarle a un depósito de municiones en Irak le pegan a una escuela, reventar un par de casas más no es ninguna tragedia, salvo que justo éstas fueran las casas de políticos del gobierno. Empezó a rezar.
Cuando me despierto y recuerdo que hace un año atrás estábamos en guerra con Uruguay, todo me parece un sueño. Me pellizco, me pincho con la punta de la tijera en las encías para confirmar que estoy despierto. Y si, me duele, señal que todo fue real, una condenada y condenable verdad de los hechos. Hoy estoy tratando de terminar la novela para el premio Clarfil, y hace varios días que no puedo escribir. Tengo unos pocos buenos amigos en el jurado, eso me da confianza, pero también enemigos; que dicen que mi escritura es banal y previsible, llena de lugares comunes, que apela a un seudo humor negro de pésimo gusto sólo para llamar la atención, que se quedó en los noventa y no se cuantas otras cosas más. Dentro de una hora me reuniré a desayunar con el embajador de la recientemente emancipada República de Dock Sud, el licenciado Bardamu. No puedo evitar recordar sus palabras cuando supo de las primeras acciones bélicas:
—¡No bombardeen el Doke!
Como todos recordarán, las tensiones se agudizaron con el tema de las papeleras allá por el 2005. Pero uno fue acostumbrándose con los años a ese conflicto que parecía iba a durar décadas de pirotecnia diplomática; que el puente estaba cortado, que el puente se abría, que iban a la Corte de La Haya, que llamaban al Rey de España, que llamaban al Papa. Hasta Maradona y Francescoli habían mediado por un entendimiento. Todos tomaban un poco en broma este conflicto, es que pensar en un enfrentamiento en serio con los uruguayos no podía dar lugar a otra cosa que risa. El punto de ignición –en toda guerra se supone que existe un hecho puntual que actúa como disparador- fue cuando desde nuestro gobierno mandaron a cortar el puente a la CGBB –Confederación General de Barra Bravas-, la nueva organización nacional que nucleaba a los barra bravas de todos los clubes y que en meses ya había logrado participar hasta en las reuniones de gabinete. Los muchachos, como era de esperar, se excedieron. Una noche no les alcanzó con cortar el puente sino que cruzaron para el lado de Fray Bentos y ocuparon una de las papeleras para hacer de las suyas. ¡Pobrecitos los gerentes finlandeses! Les dejaron el culo bien contaminado, vaya ironía del destino.
Después la cosa se fue calentando de a poco. Al principio todos creíamos que las amenazas recíprocas de guerra iban a quedar como mera esgrima verbal, cortinas de humo para desviar un poco la atención de los problemas políticos y económicos internos de cada país, y que todo no iba a pasar más allá de algunas medidas pour la gallerie. Pero un buen día la República Peroniana de Argentina empezó por embargar las cuentas uruguayas, la deportación de Víctor Hugo Morales y otras maniobras cómo el bloqueo de las exportaciones de yerba mate. Los orientales, ni cortos ni perezosos, respondieron bloqueando las cuentas secretas de los argentinos y dando a conocer los nombres de sus titulares. Además de un escrache monumental que causó gran revuelo, en menos de un día cientos de ahorristas argentinos desesperados colmaron las calles céntricas de Montevideo frente a los bancos para reclamar por su dinero; la gente desde las ventanas les tiraba aceite caliente, los orinaba, les arrojaba piedras.
Pero lo que finalmente terminó por desatar ese absurdo horror de fuego, sangre y destrucción fue cuando el 23 de enero el gobierno uruguayo comete el grave error de decretar el embargo y la expropiación de todas las propiedades de los argentinos en Uruguay, con la obvia pretensión de concentrarse en dar un golpe que resultaba especialmente doloroso a las clases dirigentes argentinas en una Punta Del Este en plena temporada. El operativo de las Fuerzas Armadas Uruguayas fue impresionante. Los soldados cortaron todas las salidas y tomaron prisioneros a los ciudadanos argentinos requisando las mansiones y departamentos más lujosos y amplios, tratando de establecerse allí para conformar una cabecera logística. De allí en más todo se precipitó de un modo demencial. Irritado, el gobierno argentino exigió el inmediato retiro de las tropas amenazando bombardear la ciudad si era necesario. Le respondieron con ironías acerca de la imposibilidad de volar de sus obsoletos avioncitos sobrevivientes de Malvinas. No hubo ya lugar para las razones; el gobierno no podía tolerar más mojadas de oreja, así que sacó a relucir los 30 Bolivarian Hawk -vendidos por Chávez pero construidos en Estados Unidos- que estaban ocultos en un hangar de San Vicente, y ese fatídico 28 de enero decidieron lanzarlos contra el enemigo en Punta del Este, lo que en realidad convertía la situación en una verdadera guerra no declarada.
Las razones estratégicas del bombardeo fueron confusas. Las declaraciones oficiales del Comando en Jefe argentino hablaban de forzar la retirada del ejército uruguayo porque consideraban peligroso que estableciera allí un asentamiento fuerte con salida al mar que le facilitaría las operaciones de recibir ayuda chilena desde el Atlántico. Otros argüían que al ser Punta Del Este una ciudad netamente argentinizada, ocuparla por la fuerza equivalía a invadir territorio nacional argentino. Pero los medios no creían para nada tan descabelladas teorías, y en los corrillos se daba por seguro que en realidad se trataba más de un venganza interna. Siempre le tuvieron ganas al lujo frívolo de esta ciudad fantasma, especialmente al derroche de fastuosidad de las mansiones de los ricos y famosos; ahora tenían la excusa perfecta para reventarlas a piacere y lograr a partir de ello una incalculable adhesión popular. Bastó ver como las fotos de los famosos en pelotas corriendo por la costa en busca de refugio agotaban ediciones de diarios y revistas.
Después de los primeros bombazos, Punta Del Este en menos de veinticuatro horas había quedado totalmente evacuada. Cerca de Piriápolis a duras penas el ejército uruguayo controlaba a los veraneantes argentinos tomados como prisioneros o rehenes, metidos en galpones improvisados como refugios, no se sabía bien cual era su condición. Los incorregibles salvajes argentinos de clase alta querían coimear a los soldados uruguayos para que los liberasen y poder escaparse en algún barquito.
—Estos argentinos con su dinero pretenden comprarlo todo -se quejaba un oficial miliciano charrúa hincha de Peñarol-. Y al fútbol les hemos ganado y hemos perdido, pero lo que si siempre que pudimos los cagamos bien a patadas…
Las bombas no cesaron a lo largo de dos días enteros. La noche de 29 de enero los aviones descargaron todo su poder sin piedad sobre los edificios más altos, sobre Gorlero, y por todas partes. Nada quedaba en pié. Las improvisadas anti áreas apenas resistieron la primera noche, abrumadoramente superadas por la tecnología de los ataques. Al menos la súbita evacuación de la población y la pronta retirada que emprendió el ejército uruguayo hizo que las pérdidas en vidas fueran muy menores.
Todo en la vida merece el perdón o el paredón final. Y la lisonja regalada a los infradotados suele ser el mayoritario arrepentimiento.
Las fortunas por un lado, los desafortunados por el otro, y en el medio todos sus amigos en común. No quedan ni rastros de las misiones imposibles en las que fuimos espías, delatores, héroes, salvadores, fumadores o vírgenes. En el lóbrego tornillo sinfín de la existencia, somos imberbes esperando el debut sexual con los dioses.
La consigna es cosechar la corriente estática que se acumula en los vientres hasta reventar, la que nos obliga a vomitar caliente por el mero hecho de la novedad. Por eso apelamos al placer fácil de la escritura que es el más imbécil de los entretenimientos, para despertarnos de la decadencia final; a los gritos, de a chorros, en puntas de pie o a los pisotones.
Somos, provisoriamente y en definitiva, mercenarios de la palabra aunque donemos los honorarios. Porque en el fondo nos divertimos, como cuando salimos después de una tormenta de granizo a ver si han quedado abollados los techos de los automóviles.
La desgracia ajena es el mejor afrodisíaco.
Ahora si, le puse punto final a la novela y en este aniversario me quedo con la imagen más conmovedora, aquella que captó un movilero de la TV holandesa, cuando entre los escombros y el humo de aquellas maravillosas residencias convertidas en ruinas, encontró a una rubia mujer que con un brillito de orgullosas lágrimas surcando sus mejillas, sólo pronunció estas palabras:
—Amoroso, algún día la reconstruiremos…

Comentarios (6 comentarios)
Buena,muy buena. Yo vivo en Punta del Este, te podrás imaginar como gozé este relato.
Un abrazo, aunque debo de admitir que no banco mucho a los porteños.
Einstein / Noviembre 14th, 2006, 4:10 pm / #
Gracias Einstein, retribuyo abrazo.
Yo no soy porteño, soy de ese territorio sin demasiada identidad, plano y pastoril que es la provincia de Buenos Aires, aunque debido a lo bien que me llevo con muchos porteños, en cualquier momento adopto la doble ciudadanía.
Julio / Noviembre 14th, 2006, 6:45 pm / #
Julio: Incluí un link a mi blog, porque considero este relato imperdible.
Suerte!!
Einstein / Noviembre 17th, 2006, 12:49 pm / #
Muy bueno el post. También soy uruguayo, de Punta del Este, amigo de “Einstein”, y te digo que me gustó. No tengo nada contra los argentinos, tengo muchos amigos de allá, pero te cuento, como sabrás, por acá cuando vienen no se hacen querer mucho los porteños.
Es increíble todo lo que se ha armado por las plantas de celulosa, y lo que puede armarse todavía, porque a los entrerrianos les lavaron el cerebro los mismos que quisieron llevar las plantas a suelo argentino, pero que como no obtuvieron su parte de la torta, ahora ni comen ni dejan comer…y como les lavaron el cerebro, ahora no entienden de razones…
Hoy veía un informe de la tv argentina, sobre una foto, que demuestra la “contaminación visual”, y en cierta parte entiendo eso, porque es como si acá frente a la playa construyeran una planta, pero creo que se les ha ido la mano y en parte es culpa del gobierno argentino que se ha lavado las manos en este asunto. Si los cortes fueran en las rutas internas de Argentina, no duran ni 2 horas…
En fin…vamos a ver qué pasa…
Respecto a una “guerra” entre Uruguay y Argentina, o Argentina y Uruguay, hay una canción de “El cuarteto de Nos”, un grupo de rock muy popular aquí en Uruguay, que está muy buena. Se llama “La guerra de Gardel”, es de hace algunos años, pero está muy buena, y en internet la podés conseguir, si te interesa.
En la canción la “guerra” se armó por Gardel…
“Empezaron por dinamitar y volar todos los puentes sobre el Río Uruguay, y eso de volar puentes lo tomaron en serio, dinamitaron hasta el puente aéreo…”
Argentina invadió la Isla Martín García, Uruguay las Malvinas, los uruguayos decían que los Beatles eran de Pando (una ciudad uruguaya, Depto. de Canelones), y los argentinos decían que Sinatra era de Tucumán.
En Uruguay un decreto prohibía llamarse Evita o Diego, y en Argentina nadie podía llamarse Obdulio, Enzo, Paco o Johnatan.
En Uruguay fusilaban a los que hablaban de boludo o chavón y en Argentina si usabas mate seguro eras un desaparecido.
Hasta el Papa cayó y rezó una misa en lunfardo.
Está muy buena la canción, te invito a que la escuches. Si querés puedo pasártela.
Bueno, procuraré darme una vuelta por aquí cuando pueda.
Saludos!
Marcelo / Noviembre 17th, 2006, 2:44 pm / #
Voy a decir una obviedad pero sincera: gracias Marcelo y me alegro que te haya gustado.
Por principio estoy en contra de justificar cualquier agresión al ambiente natural y humano por razones de supuesta “fuerza mayor” industrial, pero tanta información confusa me impide por ahora sacar conclusiones sostenibles –por usar un término ecologista-. Realmente no se a quienes les lavaron el cerebro Marcelo, creo que antes que nada habría que saber si Sudámerica va a ser usada por Europa como vaciadero de sus proyectos ambientalmente inviables, ese es el problema, y no el orgullito pelotudo de cada una de nuestras respectivas y respetables repúblicas yerbamateras del tercer mundo de decir “yo de mi lado hago lo que se me da las pelotas”. ¿Te imaginás Alemania o Francia actuando de forma unilateral en un proyecto de alto riesgo ambiental en el Rhin?
No conocía ese tema musical que mencionás, puede ser divertido. Creo que lo de imaginar en broma una guerra es algo que 99 de cada 100 argentinos y uruguayos ya han hecho. Más interesante es marearse en el magma de las conductas humanas donde lo ridículo y lo trágico pueden estar demasiado cerca, y cosas como el sadismo social o los orgullos de parroquia sean fuerzas tal vez más determinantes de una guerra -aunque la politicología y la sociología las subestiman-, que pomposos desgarramientos nacionalistas.
Saludos!
Julio / Noviembre 17th, 2006, 9:55 pm / #
Europa está llena de plantas procesadoras de celulosa; en Finlandia Botnia tiene tres instaladas en un mismo lago… ¿Serán tontos los europeos?
blueberrie / Noviembre 28th, 2006, 2:29 pm / #
Dejar un comentario