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A otro hablar

Por Jorge Leónidas Escudero 

Loj escribidore

Aquí voy hablarles de ajenos atrevimientos,
y no es porque yo sea mejor que nadies
sino porque hoy
amanecí temoso por falta de sueño.

¿Qué les he contar?
Qui últimamente fui a una biblioteca
y estoy sustao con la poesía
al ver tanto libro sin tuétano.
Muchoj escribidore se dan güelta el celebro
y como a bolsillo vacío naa les cae.

(Disculpen que hable así,
pero es que estoy mal dormido. De pronto
se me atraviesan palabras de antes
y me regodeo diciéndolas.)

Sigo:
Naa que decir y escriben pa qué,
como de apuro y de lo diente p’ajuera;
y algo más pior, hacia adentro
donde únicamente ellos se entienden.

Hacen nido en el libro como pavos riales,
ponen güevadas
y sacan crías pal olvido. ¡La pucha!
se creen bonitos y andan moniando al puro cuesco.

Hubiera queriu nojarme más porque como dije
ando atravesao por falta de sueño,
pero basta por hoy en que la mala noche
me hizo hablar así de loj escribidore.


Nieve del límite

Supe ser un muchacho que me iba a las barbas
de lo desconocido con elegancia suma.
Hacer con tan exiguos recursos
la vida que hice, alegría de mí.

Corría en la búsqueda del andar,
azotaba las calles,
hablaba a coro con los grillos
hasta que tropecé ásperamente en mí mismo
y caí de cabeza en oscuridades.

Veces lo vislumbro al joven ese que fui,
lo tomo de la mano,
le pido compañía nestos límites
pero él se me suelta,
larga una carcajada y yo pego un grito.


Canto del yerno pasmado

Aparecí querube desplatado
con la camisa hilachas en el cuello.
Casi ronco de amor: ¿Está Elvirita?
¡Fuego!, gritaron sus padres.

Mi sangre manchó cinco baldosas.

Me alejé livianito, por encima;
canté por la nariz como sólo se llora
cuando falta guita para encordar la guitarra.

Después me asesinaron nuevamente
para que estuviera más muerto.
Después en la garganta me brotó una rama de sauce.

Ella está pobrecita gorda como una vaca,
pero si se hubiera casado conmigo estaría flaca
por tanto ejercicio de cazar mariposas.


Compasión al batracio

¿Serías capaz de acariciar a un sapo
si el sapo te ansía?
¿Si te mira con ojos entrecerrados,
garganta latiente,
y a flor de cantar enmudece?
Parece que no serías capaz.

¿Pero qué culpa tienen los sapos?
Al deslizarle una mano por las verrugas
no te vas a morir
y sin embargo el sapo tocaría el cielo
con las patas.


Juego de fotos

Con el mazo de fotografías
que guardo amorosamente
voy a jugar un solitario. Empiezo,
pongo sobre la mesa a mi hermana Margarita
y al lado a dos amigos muertos,
debajo al Loco Desiderio (el que creía ser caballo
y trotaba azotándose a dos verijas). Pongo
a mi tío Teodoro junto a su automóvil 1920
y enseguida yo, montado en un burro,
cuando de niño salí a conquistar el mundo.

Toda la mesa ocupo y descarto, saco y pongo
hasta que de pronto me detengo.
Respaldado en la silla cierro los ojos
y pienso en lo que ha barrido el tiempo:
tanto pariente al hoyo, tanto sobreviviente
gastado como por erosión eólica.

Barajo nuevamente y corto,
destapo la foto de mi madre
y entonces ella dice hijo mío
recuerdo las primaveras, dame un beso. Se lo doy
y ahí se me nublan los ojos y abandono el juego.


Lo inescrutable

Si usted toma la punta de un conocimiento
y empieza a tirar el hilo
va a sacar una sombra.

Es tremendo y espanta,
porque si todo está unido a todo
uno piensa extraer un pez gordo
y termina vencido con la boca gusto a nada.

Mi caso es el de siempre, siempre el mismo.
Ya no puedo callar y más tranquilo
vivir sino que indago e inmerecidamente
caigo en la oscuridad.

Tras el fuego sagrado a si pellizco
me levanto alta noche y sigiloso
pongo la caña de pescar en vano.

Sin embargo insisto.


Nosotros

Toda esta gente abunda innecesariamente,
toda
ronda en busca de una felicidad muerta,
pero baila.
Baila sobre las latas de un techo de zinc
como gatos quemándose las patas
en plena siesta.

E el techo está repleto de estos que ensucian
el aire con su desaliento.
E alguno u otro saca cabeza para hablar
de su famosa revolución difunta.

No solamente ellos sino yo
desdichado también por ilusión infructuosa
corro entre la hormigas
de cabeza enorme y corazón duro. Gente
que zapato tras zapato vamos en círculo
sin hallar la salida.

E esto tiene que tener fin
porque con tanto saltar así
el techo se a venir abajo.

Selección de la antología A otro hablar, Ediciones En Danza.

Comentarios (3 comentarios)

Hombre ngañoso

Usté lo ve y parece bondadoso
pero no da puntada sin morder, ataca
a quien quiera corra en su propia carrera,
lo empuja para que se caiga de la bicicleta.

Gusta ir con un pan en la mano
y ofrecerlo a hambrientos, pero mentiroso
finalmente siempre se lo come él.

También parece tonto inocente o bueno
y así engaña porque en último extremo
salta sobre la espalda del supuesto enemigo,
lo mata,
le chupa los huesos,
se limpia la boca recitando los versos
de algún poeta místico.

(De “Endeveras”)

silvia / noviembre 14th, 2006, 9:07 am / #

Belleza total

Ahora embelleciéndome se me desaparecen
arrugas de recuerdos, el dolor
de cuando agarrás ortiga
creyendo es albahaca de carnaval.

Felicítenme
que se está en mí un vacío llegando un
atisbo de soledad donde
no hay ganancia ni pérdida.

Para ir a ninguna parte
voy a salir por encima del laberinto, es
saltar desde aquí hacia ir
acercándome a todo.

Que se me están retirando las ilusiones
de alquilar balcones y aullar ante la luna
reclamos de amor. Entonces
sigan ustedes y hagan sus apuestas,
yo me retiro porque la belleza
viene pisándome los talones,
ella apagará la luz y dormiremos juntos.

(De “Endeveras”)

silvia / noviembre 14th, 2006, 9:11 am / #

Misterio

Una pluma de pájaro en el patio alcé.
Maravillado
quise ahí ver el misterio de la vida pero
¿quién sabe eso?

La miré obsesiva-
mente lado a lado y la pluma,
hecah para el aire y sostener el canto
muda estaba, parecía indagarme a mí:
¿Sabes tú quién hizo mi levedad,
mi transparecia, mi flexibilidad?

Quién puede saber me dije, su
origen y no la moja el agua, su…
En eso se me soltó de la mano,
un golpe de viento la.

Me sentí liberado,
libre de hundirme en las profundidades
de un abismo, eso,
sólo por el peso de la pluma de un pájaro.

(De “Endeveras”)

silvia / noviembre 14th, 2006, 9:19 am / #

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