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La lengua hace mesura

[Sobre Perros de la lluvia de Ricardo Romero - Grupo Editorial Norma - Colección La otra orilla]
Por Omar Genovese
Las versiones de la soledad humana remiten a cierta cartografía infinita de una memoria que se construye desde el primer hombre (si es que existió un yo inaugural) y que, durante miles de años, registra la suma [...]

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Artículos Recientes

Capitalismo en China y Fondo Monetario

rch1-1Por Leonardo Sai

En este artículo presentamos una perspectiva sobre la política mundial mediante una lectura de un paper recientemente publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su página web.

El trabajo en cuestión fue escrito, en marzo de 2012, por Ashvin Ahuja y se llama “De-monopolization Toward Long-Term Prosperity in China” en el marco de los estudios del Departamento del Asia y Pacífico del FMI. El trabajo se encuentra, actualmente, online en el sitio web del Organismo Internacional (www.imf.org) Todos los papers publicados por el FMI “avisan” que los mismos no se deberían tomar como representantes de los puntos de vista del Organismo dado que expresan análisis de autor y necesariamente no representan su política. La idea de las publicaciones es provocar el comentario; contribuir al debate.

Proponemos la lectura opuesta bajo dos claves de metodológicas:

1) La afinidad electiva entre las consecuencias teóricas del paper específico que analizaremos y la política económica impulsada por el FMI para el caso chino. Continuar la lectura

Los galgos y la inutilidad del destino

Jugador OK[Jugador de Alexander Baron - Traducción de Teresa Arijón - La Bestia Equilátera - 304 páginas - Marzo 2012]

Por Omar Genovese

A qué juega Harryboy Boas, primera persona y gentil voz que narra su visión de una Londres de postguerra atenuada en la actividad para superar el dolor, y más: un barrio en sí, el suburbio del corazón y en donde la lengua se funde con una actitud esquiva a la resignación con nombre de dos palabras, East End. Qué escribe Alexander Baron, de qué manera pone un objetivo de máxima para sostener el carácter superlativo de un estilo. El mojón no se hace esperar, y en la segunda página, con cortesía de promesa escribe: “Los seres humanos llegamos a la tumba navegando por un arroyo muerto de días y de noches.” A partir de allí el tono del relato establece territorio donde el juego (perder o ganar en las carreras de galgos) es la reincidencia de la inutilidad del destino: pregunta Baron-Boas, ¿qué hay para vivir sino una desdicha tras otra? Continuar la lectura

Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie (VI)

Engels&MarxLondon

[Los artículos anteriores puede encontrarlos aquí.]

Por Nicolás González Varela

“Estos marxistas ‘profundos’ se han olvidado del ABC del Socialismo.”

(Rosa Luxemburg, 1918)

“Corremos el riesgo de conocer a Luxemburg o Lenin de la A a la Z, e ignorar los escritos del propio Marx.”

(David Riazanov, 1924)

“Marx y Engels hablan tanto, y tan bien, que uno termina por creerse uno de sus íntimos.”

(Louis Althusser, 1965)

Die deutsche Ideologie, la obra maldita de Engels y Marx que compone una de las “obras de la ruptura” (Althusser), era presentada en la autocomprensión de ambos como una obra importante coyunturalmente, que enfrentaba, desde el momento negativo de la crítica, sus propios y novísimos puntos de vista (que denominaban materialistische Standpunkt) con la concepción ideológica dominante en la filosofía política de la izquierda alemana. Además, Marx la consideraba un ajuste de cuentas definitivo con su anterior conciencia filosófica (philosophischen Gewissen).[1] Al mismo tiempo en el mismo prólogo de la Kritik de 1859, Marx no explicaba las razones últimas de haber abandonado su publicación, salvo por causas coyunturales o misteriosas, aunque también sospechamos de razones políticas desde afuera, en especial la omnipresente censura del estado prusiano y, lo más curioso, desde dentro del campo de la izquierda alemana. Marx le confesará a Annenkov a fines de 1846 que el Manuskripte de La ideología alemana estuvo de alguna manera vetado: “no puede usted imaginarse las dificultades que una publicación de este tipo (es decir: Die deutsche Ideologie, NGV) encuentra en Alemania, tanto por parte de la policía como por parte de los editores, que son representantes interesados de todas las tendencias que yo ataco.”[2] Y todavía más: Marx le reconoce a Annenkov que tanto La sagrada Familia de 1844 como La ideología alemana de 1845-1846 han sido obras polémicas que incluso han llegado a irritar a los propios miembros y amigos de su círculo comunista por su ataque sin medias tintas a las “utopías y declamaciones” de los ideólogos alemanes. Hemos señalado con anterioridad que tanto Engels como Marx siguieron intentando, incluso hasta el año 1847, no sólo ampliar el manuscrito original con nuevas aportaciones, sino esforzándose en encontrar un editor confiable en Alemania. Continuar la lectura

Vivre sa vie

Por Marina Califano

La marquesina anuncia la película pero omite la pasión y el proceso. Rostros intermitentes se recortan sobre la oscuridad; del abrazo que la mujer acepta obligada y complaciente sólo se distingue la mano al posarse. El hombre se acerca, engrandecido por el hábito, alzada la mirada hacia un punto indeterminado. Por detrás, otro hombre y una viga que señala el vértice, de otra forma imperceptible, en la juntura de los muros blancos. La mujer eleva la mirada, el pelo cortado al ras, el lunar bajo el ojo izquierdo y la huella de una lágrima que amontona las pestañas, intensifican la sombra bajo los ojos, las cejas tupidas casi tan pálidas como el rostro desnudo, los pómulos altos, labios prominentes que apenas se estremecen en el eco de un rictus al oír el veredicto: una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos, la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. Continuar la lectura

Lanata, el desquite de otro redundante

El Desquite - Amor Sin Amor - Tapa 1Por Leonardo Sai

Es hábito perjudicial y lleno de molicie de la nobleza de nuestra época el no tomar las armas sino por extrema necesidad y dejarlas en cuanto hay la mínima apariencia de que el peligro se ha alejado. Lo que provoca muchos desórdenes. Pues al gritar y correr cada cual a las armas cuando está a punto de empezar el ataque, están los unos atándose aún la coraza cuando los compañeros han sido ya vencidos.

Michel de Montaigne

Quienes entienden por “crítica” la sensación, el sentimiento, la percepción de que el actual gobierno “está lleno de vivos, de corruptos, de hijos de… “ festejaron “el regreso de Jorge Lanata” como un gol de boca. ¡Al fin uno que se las dice toda! ¡Vamos Jorge carajo: vos hablas por nosotros! Lanata revela que hay miedo y que él lo combate haciéndole “fuck  you” como si fuera un adolescente punk-rocker frente a su maestra cristinista que lo censura. La alegría, efecto de la venganza de mucha denuncia, estalla como producción de bilis televisiva y justicia. Lo que importa no es que “volvió Lanata” (¿cuándo no estuvo?) sino aquello que con su retorno se actualiza en el meollo de la lucha de aparatos mediáticos. ¿Informarse es estar viendo todo el tiempo lo que el otro me oculta? ¿”Que se vayan todos” los periodistas? Antes de que empiece la semana: el domingo del cuadrado nos ofrece la sinceridad y la revancha.  

Con Jorge Lanata volvió el orden al periodismo, es decir, el punto de vista liberal sobre los asuntos del poder. Lanata tiene semblante de anarco pero es un “liberal de izquierda”. ¿Qué quiere decir “liberal de izquierda”? Quiere decir que el argumento principal es un prejuicio que se repite como mantra: el político es un chorro, quiere merca y putas. La política anti-política dispone unas creencias que ponen al periodista como justiciero y la justicia como adicta al periodista y a “la gente”. “La gente” se sube al escenario del tribunal de la interpelación moral y se le calienta la cabeza con el playboy que hace negocios, toca la guitarra, vive en Puerto Madero, frecuenta sensuales motos, grita contra los esbirros del capital junto a las nenas. Continuar la lectura

Un pueblo sin nombre

Por Eduardo Montes-Bradley

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Había sacado fotos del lugar en otras oportunidades. No que estas se presenten con frecuencia. El caserío dista 83.7 millas de mi cueva en el condado de Albemarle. De no mediar otros puntos de interés, el trecho podría salvarse en una hora y cuarenta minutos. Sin embargo, no todo es previsible en estas latitudes. Continuar la lectura

Cinco pruebas sobre la posible existencia de una novela

Can Solar[Sobre Can Solar de Carlos Godoy, colección literal/imaginaria, 17 grises, abril 2012.]

Por Omar Genovese

Hay una urgencia en Godoy para que la oración tenga su ensamble límpido en secuencia. Son pocos los poetas que saltan a la prosa con gesto de despedida, y algo de eso pasa con Can Solar: más que la imagen de la representación es la búsqueda de los mecanismos donde se encubre. Cinco cuentos progresivos que van de la timidez y modestia, al deseo interno de arrancar la ficción de cuajo. Seamos cardinales: el norte de Godoy es la apuesta por el ritual incómodo del personaje al borde de lo siniestro. Siguiendo la paginación, los tres primeros cuentos, a saber, Es preferible tener suerte a ser inteligente, Erasto y HCI, plantean una geografía de lo posible, parecen enunciar la llamada de ficción pero, también, circunvalan la atención en algunos detalles de la prosa. Suscinto, Godoy prefiere acotar y cerrar el universo en los sucesos, y es porque el cuarto cuento, el eje de la promesa narrativa, es el que compone al personaje central de una ausencia, toda la protonovela que asoma sin aparecer, como un parpadeo atónito. Continuar la lectura

“A nadie parece interesarle el estilo”

P1200373Por Omar Genovese

A días de haberle sido concedido el Premio al Editor del Año otorgado por la Fundación El Libro en reconocimiento de su trabajo y su compromiso con el mundo de los libros, Luis Chitarroni (novelista también) habla de manera sucinta sobre su paso por Sudamericana junto a Enrique Pezzoni, y del desembarco como responsable editorial en La Bestia Equilátera, donde se desempeña actualmente.

Después de 25 años como editor, ¿qué reflexión merece el oficio? ¿Qué era ser editor como fue tu antecesor en Sudamericana, Enrique Pezzoni, y qué queda de ello?

Poco, muy poco, creo. Tengo que aclarar que el cargo que ocupaba Enrique Pezzoni  (y que después ocupé yo) es hoy un anacronismo: “asesor literario”. En las novelas policiales de los cuarenta y los cincuenta –las de Nicholas Blake, por ejemplo– el asesor literario es a menudo el principal sospechoso, una especie de mayordomo transportado a esas mansiones de corto alcance denominadas “casas editoriales”. La función del asesor era la de darle un marco literario a la producción de la empresa editorial, una especie de maquillador de cadáveres. Hay uno en Cortázar, ajeno al policial: Lonstein. La otra era elegir, con las restricciones pertinentes, el material que se publicaría. Enfaticemos “restricciones pertinentes”. Empecé en pleno periodismo de denuncia de la época de Menem, de modo que mis primeras responsabilidades, menos que misiones literarias fueron campañas de vacunación alfabetizadora. Resultaba muy difícil contratar algo bueno, que los españoles no nos madrugaran. El hecho puede observarse  en catálogos muy “sofisticados” que se armaban simultáneamente en España, como el de Siruela: se hacían observando los nuestros de la década del cincuenta. Por suerte,  la colección de Planeta que hacía Juan Forn ayudó a que nos alineáramos. Y yo pude sostener en Sudamericana, Narrativas argentinas. Continuar la lectura

Estética ideológica desmadrada

Tapa Cancio´n-ALTA[Sobre Canción de la desconfianza de Damián Selci, Eterna Cadencia, 160 pág., marzo 2012]

Por Omar Genovese

Fórmulas. La formalidad de las formas hacen fintas en formol, contemplan los occisos moldes en frascos el ámbito del laboratorio, ovillados, esperando sin sentimiento ser convocados para el acto de la realización absoluta: recombinar las materias carnales en engendros de voz, pequeños lloriqueantes que ilusionarán madres desaforadas de vientre. Un nuevo país luce agazapado.

¿Habrá quien quiera jugar a ser Selci? Ya, ya va, no golpeen los goznes de las celosías literarias. Nadie guarda un secreto mucho tiempo, al fin, los egos gotean por la falla ecléctica: hay que mostrar lo escrito antes de ser póstumo. Ciertos sectores de la lengua argentina permanecen a la sombra, no en la cárcel de la educación, tampoco al amparo del voceo coloquial; hay tejidos de lenguaraz como cuero en estacas, que esperan un lector, un oído voraz. ¿Cómo acceder a dichas capas de sentido escurridizo? ¿Alguien recuerda la silenciosa nada que seguía a las reuniones dogmáticas, soterradas, que a los ilusos por otro mundo sin crueldad envolvía en un estado de iluminación vanguardista? Abandono, es lo que siguió al discurso revolucionario de la extrema izquierda. Como en una plaza luego de una pelea entre facciones de un mismo interés: jirones de ropa, manchas de sangre, cuadernos con apuntes, un zapato… Y sobrevino el silencio cómplice, un período silente sin fin: es la educación normada en el prepago. Yo pagué para que la cría fuera normal, fuera un ejemplo, fuera de serie. Pero números traen números, y las secuencias repiten la condena: pensamiento alineado, seres preformados, del sentido de clase al sinsentido sin casta. Continuar la lectura

Retrato de un idiota

Por Eduardo Montes-Bradley

Vienen de visita los parientes del profesor Uriarte. Entre ellos Dora, una prima del campo donde los Uriarte tienen familia. Dora que se encuentra de paso por Charlottesville, y por lo que pude entender, este es su primer viaje a los Estados Unidos. Dorita, como le dicen los de su tribu viste de manera aniñada y es la única que lleva los labios pintados. En Charlottesville las mujeres se visten de manera muy discreta, y el lápiz labial está reservado para ocasiones especiales: no para un asado informal en casa de los Montes-Bradley, pero Dora no tiene porqué saberlo. También me resultan extraños esos jeans tan ajustados, y las botas cortas de goma que hacen que Dora parezca mucho más corta de estatura. Las mujeres de menos de un metro setenta y cinco no deben abstenerse de usar botas y llamarlas botitas. Ahora que lo pienso, ese tampoco es su color de pelo. Pero no vengo aquí a comentar la visita de Dora, la parienta del campo del profesor Uriarte, sino lo que pensé a partir de un hecho que paso a narrar: Cada vez que Dora apuntaba su flamante Nikon Coolpix hacia alguna persona, el destellar del flash venía precedido de un “Say Cheez!” con el que esperaba arrancar una sonrisa del retratado. Dora le sacó fotos hasta a las plantas, literalmente: – “Son gardenias?” click!

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Epígrafe: Fernando y Jorge Guillot Ziegler. Archivo familia de Montes-Bradley.

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