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Marx y Ucrania: contra la “Realpolitik” infantil

Por Nicolás González Varela

“Jamás olvidaremos que los trabajadores de todos los países son nuestros amigos  y los déspotas de todos los países nuestros enemigos.”
(Primer Manifiesto del Consejo General de la Iº Internacional sobre la Guerra Franco-Alemana, 19 de julio de 1870)

En las revoluciones burguesas europeas de 1848-1849, que removieron y hicieron salir [...]

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Artículos Recientes

Las diez reglas de Raymond Chandler a la hora de escribir historias de detectives

Por Raymond Chandler

1. Debe estar motivada con credibilidad, tanto la situación original como el desenlace .
2. Debe ser técnicamente sólida en cuanto a los métodos de asesinato y el descubrimiento del mismo.
3. Debe ser realista en el carácter, el entorno y la atmósfera. Debe ser sobre personas reales en un mundo real.
4. Se debe tener un valor sólido como historia aparte del elemento de misterio: es decir, la investigación en sí debe ser una aventura que valga la pena leer .
5. Debe tener suficiente simplicidad esencial para explicarse fácilmente cuando llegue el momento. Continuar la lectura

Aventuras en el abismo del futuro

[Sobre dos primeros libros de Cave Librum Editorial: Los manuscritos del monte Richardson de Diego Aristi López (96 pág., febrero 2013) y Mataderos dixit de Gustavo Genez (96 pág., febrero 2013).]

Por Omar Genovese

Un editor de cierta publicación cultural argentina se ufana de no publicar artículos sobre primeros libros de escritores. Para refutar semejante prurito, la presente página se ocupa de los primeros libros de dos escritores en una reciente editorial, Cave Librum. Doblemente parturienta, la literatura seguirá naciendo y renaciendo, a pesar de la falta de críticos con voluntad de lectura. Vale decir, aquí se apela a los lectores, se intenta dialogar con el estilo de los escritores, pero siempre a la sombra del fracaso, única constante intelectual evidente. Fracaso no es lo mismo que derrota: en la derrota hay lucha, mientras que el fracaso puede llegar por abandono, darse por vencido, aunque Sarmiento reclamara un segundo esfuerzo sin lógica. Leer también es un fracaso, por eso de dejarse llevar sin más, para que nada importe, aunque en nuestras manos palpite el último libro posible.

De la derrota y el fracaso tratan Los manuscritos del monte Richardson de Diego Aristi López y Mataderos dixit de Gustavo Genez. Ambas nouvelles tensan entre sí la idea de que no hay vencedores y que todos hemos fracasado, aún sin saberlo. Nadie resiste a semejante acusación frente al espejo. ¿Son estos textos especulares o reflejan al lector el espanto que encarna? Continuar la lectura

Buenos Aires, laberinto de soledades

Portada[Sobre La ciudad alucinada, Rafael Toríz, Junio de 2013, 145 págs., Conarte, Premio Nacional de Ensayo Alfonso Reyes 2012, México.]

Por Mariano Vespa

El tacto de la ciudad se percibe por los pies dijo alguna vez Martínez Estrada. El diario  que presenta Rafael Toríz se inicia a las corridas: mientras busca la casa de Xul Solar,  esquiva los disparos que se producen en el traslado de los restos de Perón a la quinta de San Vicente.  La experiencia de este joven escritor mexicano, afincado en Argentina gracias a una beca, es pura piel: “La ciudad es la Matrix y sus ciudadanos somos, en su espesa mayoría, meros transeúntes inconscientes de su lugar, su poder y su injerencia en el acontecer de la urbe.”

El desborde citadino exige un cambio de perspectiva: en palabras de Michael De Certeau se puede ser mirón o caminante. Vista en perspectiva o desde el corazón mismo, Buenos Aires proyecta sombras, infunde grados de sospecha. Los pliegues porteños como el teatro under, el rito del choripán o el halo de nostalgia hacia el Citroën 2CV son algunas de referencias que toma el narrador a la hora de trazar comparaciones con espacio heterogéneo, vital y fantasmagórico como lo es la ciudad de México: “A Buenos Aires, por fortuna, se la penetra. El Distrito Federal, por el contrario, nos devora sin digerirnos”. Continuar la lectura

Juan Gelman, el poeta estatal

Por Pablo Farrés

Cuando uno se pregunta quiénes fueron nuestros “grandes poetas nacionales” o  “Grandes Poetas Estatales -del Estado, por el Estado y hacia el Estado-”, no encuentra demasiados. Hace poco murieron Zelarrayán y Leónidas Lamborghini y no hubo un solo día de duelo. Ni Juan L. Ortiz, ni Viel Temperley, Perlongher o Joaquín Giannuzzi, fueron poetas estatales. No es fácil transformarse en poeta estatal, básicamente porque al poeta estatal no le importa la poesía. El único caso que se me ocurre es el de Lugones, aunque a Lugones sí le importaba la poesía. Y claro está, la muerte de Gelman es el corolario de un largo proceso que tuvo como fin el mismo artificio lugoniano. Los dos tuvieron su “hora de la espada”, los dos supieron armar la mitología del poeta guerrero. Cambió el contexto, la política parece haber exhumado el cadáver de lo común para dedicarse a la mera administración de cuerpos y de bienes, pero la necesidad estatal de una narración épica de su propio poder, por medio de su poeta estatal, sigue en pie. No importa el contenido ideológico, lo que importa es cómo el poeta estatal define un adentro y un afuera, un nosotros contra ellos, y de qué manera, en esa misma traza, determina los modos de exclusión del horror con respecto a la sana conciencia moral, dándose el lujo de una pureza cuasi mística –“mi dolor que es el dolor de todos…”. Continuar la lectura

Los perros de Moscú

perros callejeros de moscu 7Científicos rusos han estudiado a los perros callejeros de Moscú y su evolución desde la caída del comunismo. Estos animales han demostrado una capacidad de adaptación al medio y a las nuevas circunstancias que supera en muchos casos con creces a la de los humanos. Una de las habilidades desarrollada por estos canes es su costumbre de coger el metro por las mañanas para llegar al centro de Moscú y volver a cogerlo por la noche para volver a sus hogares. En el centro de la ciudad se pueden obtener fácilmente alimentos, pero no dormir con comodidad. Saben exactamente dónde y cuándo subir, observándose, incluso, que suelen escoger los vagones con menos gente (el primero y el último generalmente), algo que, según Eugene Linden, exige razonamiento y pensamiento consciente. Son, además, capaces de no perder su parada, gracias a su excelente sentido del tiempo que les permite calcular su recorrido, al reconocimiento del nombre de la estación o su olor o a una combinación de todos estos factores. De hecho, si tienen varias paradas por delante, suben a un asiento que haya libre y se echan tranquilamente una cabezadita… Continuar la lectura

Lector liminal

el-desmadre-pablo-farres-6584-MLA5070355593_092013-FPor Jeremías Maggi

Imagínate un tipo que escriba una obra de 900 páginas y que después las va convirtiendo poco a poco en la mejor procesión narrativa de los últimos tiempos. Si habría que buscar una forma de definir a Pablo Farrés ésa sería una de ellas.

En los canales marginales del mundo editorial de Argentina es por donde se mueve su obra. Farrés publicó Literatura Argentina y años más tarde volvió a la carga con dos libros que rozan las estrategias de la perfección: El reglamento y El Desmadre, ambos publicados con diferencias de meses.

Literatura Argentina o el deseo como producción literaria

Literatura Argentina es la historia del Menard del Menard. En el fondo, Borges abrió el camino para la emergencia de dicha posibilidad. A lo largo de Literatura Argentina nos encontramos con el proceso de disciplinamiento de un niño perro y, por el otro, con el proceso de emergencia de un Menard que escribe la mayoría de las obras de la literatura argentina. Por allí veremos pasar a Saer, Aira, Piglia, entre otros y, a todos ellos, los veremos ir deglutiendo mierda a medida que imitan su literatura. Farrés se inscribe dentro de la tradición de Osvaldo Lamborghini (más adelante veremos que cumple un rol preponderante en la última novela); la violencia cimentada en su obra no es más que la producción hacia el infinito de los proyectos literarios de Lamborghini. Continuar la lectura

Las velocidades del mundo

[Fragmento de novela inédita, 2013]

Por Pablo Farrés

El problema fundamental con respecto a mi actividad literaria ha sido que encontrar un tema siempre significó fracasar.

Podía imaginarme lo que fuere, pero hable de lo que hable, de una guerra, de un parricidio, de una serie inesperada de asesinatos, invariablemente me sentía defraudado por mí mismo porque no era la guerra ni el parricidio lo que me importaba sino la literatura sin más. El problema, tal como mis allegados me lo hacían ver -“mariconadas” decían-, era que yo ponía tanta pasión en eso que llamaba literatura que me quedaba sin tema que narrar. Cuando leía lo que ellos escribían me sentía realmente fascinado por la capacidad de atracción que generaban en sus narraciones porque lo que claramente les interesaba no era la literatura sino la vida. La consecuencia de mi errónea concepción fue que terminé separando tan radicalmente la vida y la literatura que ya no encontré ningún punto de contacto, transformándolo todo en una programática de la imposibilidad: transformaba mi idea de la literatura en una prescripción del fracaso y cuanto más fracasaba más mérito literario obtenía.

Claro que cuando hablo de mi trabajo literario me refiero más bien a la mera y simple acción de sentarme frente a mis papeles, es decir, sólo y únicamente sentarme frente a mis papeles y no trazar ninguna letra, no conformar ninguna palabra ni oración, porque de algún modo eso, oración, palabra, letra, representaban un modo de la traición. Por eso, aún habiéndose publicado contra mi voluntad dos o tres cuentitos mal paridos en revistas de poca monta, más que un escritor secreto he sido un escritor absolutamente inexistente.

Siempre me justifiqué señalando el poco tiempo que tenía para dedicarme de lleno a la escritura, pero incluso cuando finalmente pude armar mi vida para que ya no haya interrupciones o intereses opuestos a la finalidad de hablar de ese fracaso -hacer que la palabra venga a decir lo que significa el terror de perder todas las palabras-, me daba cuenta de lo difícil que era hablar de la imposibilidad de hablar, de usar palabras para decir que no hay posibilidad de ninguna palabra.

En este sentido, mi inexistencia literaria nunca respondió ni a la ceguera de la crítica ni a la del mercado, ni a nada parecido, en todo caso, mi inexistencia es una ganancia que yo mismo fui trazando. Lo comprendo y lo acepto. No cualquiera puede lograr tal sistematicidad, más que nada hoy, cuando se mal interpreta aquello de publicar antes de escribir. Continuar la lectura

Literatura desde el fondo de un pozo (ciego)

Por Omar Genovese

No se puede introducir al lector en la literatura de Farrés, porque Farrés no es un cuerpo en agonía que necesite de la piedad de los ojos, de la inyección de la curiosidad o del animismo relámpago del ansia. Un escritor que horada la literatura de su lengua (Wilcock horadó en otra) escapa al paseo banal del diálogo insustancial, a los recursos económicos de la prosa conforme a la norma expresiva del educador, como a las situaciones del tedio extremo de una vida opaca. Sin referir al título personal, lo escrito por Farrés es una deriva de la pesadilla de no dormir porque la pesadilla de la vida se le ha escrito sin quererlo. Cuando sus personajes dicen yo, son el yo de un ser borrado, que aún insiste con que la desaparición de la vitalidad es un lento tránsito en la nada misma, en el silencio cúlmine que diariamente nos mata en la banalidad de ganar el pan. Al contrario de lo que se supone, Farrés es una persona jocosa, amable, divertida, con las mismas problemáticas que cualquier padre, pero al que la mirada se le obstruye con solo recordar las condiciones materiales de cualquier sufrimiento que al ser escrito, deja de ser ajeno y lo enajena al escribir: desde el fondo de un pozo. Luego está el ciego, el que renuncia a ver. Ocurre que si no hay visión, ni posibilidad remota de ella, desaparece la magia y el advenimiento de alguna divinidad que traiga un remedio tan aparente como falso. Es la licencia del que estudió filosofía, para el que los mecanismos de sumisión, como la materialización del odio, necesitan de un artefacto simbólico aterrador. Y la palabra es símbolo cuando articula un estilo desterrando su propia mística porque está en el fondo, en el profundo y oscuro fondo de un pozo. El pozo del ciego. Continuar la lectura

El pensamiento radiante en la oscuridad

Por Omar Genovese

De qué forma, con qué herramientas discursivas, cuál es la ubicación del tono en el pentagrama expresivo de un texto, son interrogantes que se desanudan en el avance de la argumentación, bajo la forma de ensayo, de dos libros publicados en junio de 2013. Hecho Atómico Ediciones, dirigida por Emmanuel Taub, inaugura su presencia en el mercado editorial argentino con 500 ejemplares numerados de cada uno, Gilgamesh o del origen del arte de Marcelo G. Burello y H.P. Lovecraft, la disyunción en el Ser de Fabián Ludueña Romandini. Burello es Doctor en Letras de la UBA y realizador cinematográfico formado en el INCAA; Ludueña Romandini es Doctor por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, investigador del Conicet y del Instituto Gino Germani. Ambos éditos, profesores universitarios, el primero especializado en literatura y estética; el segundo, en filosofía y antropología. La simultaneidad de ambos libros, los extremos en donde cada uno se ubica como provocador del pensamiento, los hermana y distancia, o deja al lector perplejo por el futuro de su lectura misma, cuáles han de ser afinidades y posibilidades que deberá reclamar al género luego de tal experiencia, lo que no es poco. Los textos, además, poseen una característica común, carecen de pretensiones de cátedra, de verdades reveladas conformistas; como toda aproximación infieren un terreno para la digresión, artefactos en formación constante y en vías de expansión, lo que los hace optimistas.

Marcelo Burello Continuar la lectura

Desde la patria del nómada

LIBRO-TapaPor Rafael Toriz

Probablemente el más grande engaño de nuestra civilización ha sido el de hacernos creer que somos sedentarios. Desde los inicios de la especie, y para que el mundo fuera Mundo, hubo que salir a recorrer la tierra, por sobrevivencia desde luego, pero también para dar cuenta de un evangelio primigenio: vivir la vida es estar en movimiento.

En ese sentido, sabiendo que las piernas que nos sostienen están hechas para andar y no para engordar frente a un escritorio, la literatura ha sido siempre la continuación del viaje (una vez que el hombre ha abandonado el terruño y abre los sentidos a la experiencia, se impone la necesidad de testimoniar la diferencia), por eso los relatos de los viajeros suelen ser ejemplos carnales de una fascinación ambigua.

El libro de crónicas de Leonardo Tarifeño (1967) Extranjero siempre. Crónicas nómadas nace de ese impulso primario y de la necesidad del viajero de compartir sus descubrimientos, como aquel mochilero que, habiendo juntados unos centavos y los arrestos suficientes, se decide a probar el mundo. Continuar la lectura