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Nisman, la historia antes de la muerte lenta

Tengo en mis manos la posibilidad de acotar la historia antes de su falsificación. No es un privilegio, pero sí una obligación. ¿Qué documento periodístico no puede ser afectado por la falsificación del kirchnerismo en su retirada ominosa? La respuesta es reproducir ciertos artículos publicados por Gramma 12 u Oficialismo 12, medio cooptado por el […]

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CFK, Hugo Wast y el retorno de los Protocolos

Por Luis Thonis

 

Sin pronunciarme sobre la insoluble cuestión de la autenticidad de los “Protocolos”, me limitaré a decir que con buenas palabras de judíos alegan que son falsos; pero con hechos, todos los días nos prueban que son verdaderos. Los “Protocolos” serán falsos… pero se cumplen maravillosamente.

Hugo Wast

 

Siempre que tuve ocasión de escribirlo insistí que Hugo Wast era la referencia ideológica de una amplia franja de la cultura argentina, lista para dar oídos a las teorías conspirativas.  En sus novelas El Kahal y Oro, ambas de  1935, presenta al mundo en manos de un sacerdote judío que domina los hilo a su antojo desde “el Vaticano de Nueva York”, lo que permite justificar los desastres locales que hace nuestra clase política.

En este libro que fue el best-seller de su época, pese a su antijudaísmo y en pleno auge del genocidio nazi, dice a su manera que nunca existió el pueblo palestino como todos los diccionarios de la época: “La patria real del judío moderno, no es la vieja Palestina; es todo el mundo, que un día u otro espera ver sometido al cetro de un rey de la sangre de David, que será el Anticristo.”
Fascistas y stanilistas no han tomado en cuenta esta frase de su maestro y se han quedado con una supuesta conspiración mundial judeo-norteamericana y hasta vivando a estados negacionistas, genocidas y organizaciones afines, en nombre de los oprimidos. CFK añade a esta fábula el tema de los fondos buitres, categoría jurídica que no existe en ningún mercado del mundo y es un invento de los caranchos criollos para no pagar una deuda ínfima en una jurisdicción que se fue a buscar. El nombre de Martínez Zubiría -Wast era su seudónimo- fue erradicado de la Biblioteca Nacional en el mismo momento en que los cartabiertistas ponían de manifiesto sus ideas con una fachada posmoderna. Esta suerte de premonición que se puede verificar en los discursos oficialistas ha encontrado su crítica literaria pura y dura en CFK: nos revela que Paul Singer era aquél enigmático sacerdote junto al cual habría conspirado Nisman.

Ya Daniel Scioli calificó como “bochornosa” la denuncia de Nisman, sumándose  a la saga de los encubridores, y ahora opera en los juzgados porque esa causa “conspira contra su posibilidad de ser presidente.” Pero el caso todavía no ha comenzado: no se sabe siquiera el día en que “se murió.” Sólo podrá investigarse cuando los fiscales, políticos y periodistas dejen de recibir amenazas de muerte, o filmaciones de sus hijos, o incluso secuestros de un hijo como le sucedió a Taiano para que no recuse la declaración jurada de bienes de los K aprobada por Oyarbide. Ya la justicia argentina estaba preparada para que ningún funcionario corrupto sea encarcelado. Como las democracias que transitan hacia dictaduras, Justicia Legítima es una organización para producir la impunidad de los funcionarios: al no poder separar a Bonadío, quieren llevar la causa por los hoteles K a Comodoro Rivadavia donde tienen una justicia paralela. No es que vayan a perseguir judíos. Reducido a secta, el kirchnerismo tiene más que ver con el delito que con una ideología. De hecho, han cooptado y creado a organizaciones judías que repiten la bajada de línea oficial. Pero las palabras tienen implicaciones y efectos.  Continuar la lectura

Una breve introducción ante el espanto

Por Omar Genovese

Anotaciones sobre los textos de Levon Khechoyan en El alambre no se percibía entre la hierba (relatos sobre la guerra de Karabagh), Levón Khechoyan y Hovhannés Yeranyan, Hecho Atómico Ediciones, 2015. Traducción de Alice Ter-Ghevondian y Ana Arzoumanian.

La guerra de Nagorno Karabaj ocurre, con menor y mayor intensidad, entre 1988 y 1994. Es un período en donde la región del Cáucaso y otras vecinas sufren este tipo de conflictos: Croacia, Bosnia, Kosovo, Albania, Osetia del Sur, Chechenia, Abjasia, Transnistria-Moldavia… Nombres que a los argentinos resultan lejanos, desconocidos, como si llegaran de otra época, de un mapa imposible de imaginar. Pero no se trata de exotismo, sino de comprender que la diversidad humana es tan amplia como la cantidad de escarabajos que existen en el mundo, se estima que hay más de 1,5 millones de especies de escarabajos sin clasificar.

El final de la guerra de Nagorno Karabaj coincide con el comienzo de otro conflicto, casi equidistante tanto del Cáucaso como de esta pampa húmeda, me refiero al genocidio ocurrido en Ruanda donde la supuesta etnia tutsi fue masacrada por los hutu. Digo supuesta porque el texto de Khechoyan pone en tela de juicio todo el andamiaje teórico en lo político, social y económico que motiva la violencia masiva. Estos conflictos regionales, casi simultáneos, dejaron dos secuelas evidentes, pero que resultan incómodas para el género humano en su limbo de bienestar egoísta: primero, que el bestialismo se ha impuesto como recurso en el campo de batalla; y segundo, que el campo de batalla es la población civil. Estas guerras que nuestros contemporáneos llaman “de baja intensidad” han desplazado a millones de personas, con la ruina personal y social que esto implica. La pérdida del medio de vida, el trabajo, la educación, la referencia cultural y la propia lengua, son algunas de las secuelas. Y no es una cifra menor: millones de personas han perdido su “lugar en el mundo” para convertirse en verdaderos parias modernos. No se trata de una condena al ostracismo o el destierro, no, se trata de la expulsión violenta, de la separación de las personas de su pasado, de sus orígenes. Pueden argumentar que esto es simbólico, que se trata de una migración forzosa pero migración al fin. No, y en esto debemos ser enfáticos, el desplazamiento de poblaciones enteras tiene como efecto terrible la omisión, ser borrados del mapa, ser desertizados como humanos. Y el efecto es devastador en todo el género: somos más pobres, más brutales, más insensibles… Continuar la lectura

De la imposibilidad del amor

Por Omar Genovese

Sobre Las mujeres que amé, Daniel Guebel, Literatura Random House, 208 p., febrero 2015.

Oscila entre la novela y el ensayo. También adquiere la forma de exposición analítica de una teoría sobre lo inalcanzable que, como noción general, parece blandir la finitud del deseo, su escaso valor al lograrlo, su poder de tracción mientras se aleja de quien busca satisfacción. El que escribe, ése yo tan inocente como crédulo, puede ser el niño Guebel que, en una parábola de pesadilla, trata de comprender sobre la materia convertida en escritura, el acto mismo de narrar, la vigilia de la relectura y el espanto final ante un tiempo que solamente volverá como recuerdo desfigurado. El ser deseado es un sueño que retorna con la duda sobre lo real, otra vez, y otra. Lejos del espanto que supone el abismo de un pozo, como ocurre en las novelas de Pablo Farrés, Guebel retoma la reiteración del suceso en la obsesión más absoluta, evoca al apasionado por la Lolita de Nabokov, evoca a la lógica monolítica de un Kafka atrapado en una celda donde lo han encerrado a escribir sobre cómo quedó condenado a escribir: “La literatura es siempre una expedición a la verdad”. Continuar la lectura

Presentación de “el alambre no se percibía entre la hierba”

flyer el alambre HA baja

Que algo quedará

Gárgola Ediciones invita a la presentación de

Que algo quedará

de Jorge Goyeneche.

Acompañarán al autor Omar Genovese y Ricardo Romero

Jueves 19 de marzo, 19 hs.

Fundación Tomás Eloy Martínez, Carlos Calvo 4319, Piso 1º

El protagonista de esta novela viaja en el tiempo, pero eso no es lo importante. El protagonista de esta novela es un mentiroso consumado, pero eso no es lo importante. El protagonista de esta novela vive gracias a la plata que su hermano narco le hace llegar de maneras misteriosas y estrafalarias, pero eso tampoco es lo importante. Lo importante en esta nueva novela de Jorge Goyeneche es que esa voz convencida y convincente que nos arrastra página a página, es portadora de una extraña y lúcida alegría que nos permite apropiarnos del naufragio.

Entre los avatares políticos de la Guatemala de mediados de siglo y los palíndromos y los mensajes en clave; entre los secretos de la identidad y los derroteros generacionales de quienes quisieron cambiar el mundo, Goyeneche pone en evidencia la precariedad de eso que creemos es nuestra vida, de la Historia y sus versiones, para dejar en pie sólo lo esencial: las formas leales del amor.

Que algo quedará obtuvo en 2009 el primer premio en el concurso literario del Instituto Cultural de Puerto Rico.

 

El fango en la flor

Por Omar Genovese
Resulta exquisito, y acaso divertido, también justo, que la literatura de Osvaldo Lamborghini siga causando tanto rechazo como admiración. Como un mapa sin resolver de manera geométrica, su pequeño librito que revolucionó las letras argentinas (la leyenda dice que así se presentó ante Rodolfo Walsh en casa de Pirí Lugones, la nieta del poeta nacional muerta bajo tortura en la ESMA), causa estragos en la cautividad de los lectores foráneos a cierta lengua que le pertenece cual territorio que presupone aquél mapa abandonado por los exploradores. Parábolas y laberintos. Las primeras parten de la confusión de los significados, metonimias, juegos, nombres osados y estragados, con la glosa que se regurgita en el resonar de la mente inflamada, torturada, por el cerco de la muerte. Del otro lado de la moneda, o al bies del mapa, la infinitud y pequeñez de los pasillos donde la certeza es apenas hilván, y el lector se pierde. De manera literal: quien lee queda desierto en una pampa seca. La lectura de El Fiord ahoga, es tierra en la garganta, tierra muerta, pero una tierra abandonada que al explorarla anula la posibilidad del regreso. Continuar la lectura

Un cuento para Kala

Por APG

El día jueves 29, en el Cementerio de la Tablada, entre todo lo sucedido, hubo espacio para un cuento. Se lo contaron a ella pero lo escuchamos todos; todos los que estábamos ahí en un semicírculo tupido de congoja alrededor de la tumba de Alberto, bajo un sol picante e impertinente negado por el abanico de cabezas gachas: al dolor le va mejor la lluvia. Se trató de un relato infantil con “moraleja” sobre una mariposa y un cocodrilo que contó el Rabino Marcelo Polakoff para la pequeña K, la hija menor de Alberto. No creo cometer ninguna infidencia si se los cuento, pero antes de hacerlo me gustaría plantear un dilema, proponer una discusión que -presumo- viene al caso. Porque instiga a pensar. A discutir. A insistir, como dice Kovadloff.
Dos deshollinadores salen de una chimenea. Uno sale completamente negro y el otro completamente blanco. ¿Cuál de los dos se va a lavar?

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Mi primo Alberto

Por APG

Hace un par de días que no hago más que ver y ver una vieja película. No se lo ve en imagen pero yo les cuento: el que filma, es mi padre. Se pasó gran parte de nuestra infancia, ausente; tras una máquina Súper Ocho: filmando. Lo más divertido era cuando, luego de ver las películas sobre una pared del living que despejaba mi madre quitando, una y otra vez, un cuadro de Carlos Alonso, mi papá rebobinaba el carretel sin apagar la luz del proyector. Mágicamente, como un truco de infancia, lo vivido retrocedía aceleradamente hasta esfumarse en el momento en que la cinta comenzaba a girar en falso. Nos divertíamos -mis hermanas y yo- tan solo con vernos desafiar a la lógica del movimiento y a la irreversibilidad del tiempo. Qué tontas.
Hace un par de días que no hago más que mirar una vieja película. Una de esas tantas. La calidad es pésima, producto de haber soportado la conversión a sucesivos formatos: de carretel a VHS, a DVD, a digital. Y en ese traspaso no sólo perdió calidad sino también la magia. Ya no me divierte. Pero no se trata de la desilusión de la imposibilidad de rebobinar. O sí.
La filmación, de alrededor de seis minutos de duración, transcurre a principios de los ´70, en el comedor de la casa de una tía abuela que ya no está, a causa de la ley de la vida que hizo que más de la mitad de las personas que celebrábamos una festividad judía, en ese comedor, también estén muertas. Eran abuelos y tíos abuelos. Inmigrantes. Salteando una generación, estamos nosotros, los más pequeños, jugando a disfrazarnos de grandes. Mi primo Alberto hace morisquetas frente a la cámara con un sombrero Borsalino y luego se deja caer sobre la falda de mi tía Sara, que lo abraza. Continuar la lectura

Sumisión, o el novelista como blanco móvil

Por Omar Genovese
El novelista francés Michel Houellebecq, luego del atentado a la revista Charlie Hebdo, fue puesto bajo custodia policial y el pasado jueves abandonó París con destino incierto. En la señal de televisión Canal Plus dejó grabado un mensaje al público. El escape va más allá de sentirse afectado por la muerte de su amigo Bernard Maris en la masacre y de que él mismo formara parte del chiste de tapa de la última edición de la revista (en la caricatura afirma que en 2015 perderá sus dientes y en 2022 adherirá al ramadán). En sí, Houellebecq corre riesgo de muerte a raíz del lanzamiento, en el día del atentado, de su última novela: Sumisión. En ella propone que Francia será gobernada por un partido político islámico. La trama involucra a Marie Le Pen, líder de la derecha (que trata de capitalizar el magnicidio proponiendo una consulta popular para reinstaurar la pena de muerte), al desgastado Hollande y a una sociedad civil que claudica de la Ilustración convirtiéndose a la fe de Mahoma, ejerciendo sus costumbres, aceptando una verdadera sumisión.
A esta novela se la consideró como uno de los sucesos editoriales para el año que comienza. Así, el mercado cultural estaba advertido del contenido por la circulación de versiones apócrifas en internet, y hasta algún archivo con la novela original. Una forma tecnológica de crear expectativa que, ante la realidad contundente, queda como un detalle insignificante. La editorial Flammarion también está bajo amenaza y sus instalaciones tienen custodia policial. Es que ya no se trata de la fatwa que recibiera Salman Rushdie por parte del ayatolah Komeini en 1989, gesto político y de propaganda de su régimen en Irán, sino que la Jihad actual no advierte, entra en acción. Se puede inferir que los libros de occidente, la novela por caso, se encuentran en riesgo. Puede que un atentado se produzca en librerías donde se exhiba Sumisión. ¿El terror romperá la cadena de distribución del libro? ¿O alcanzará con inscribir en el frente de las mismas alguna frase alusiva de Estado Islámico?
Si bien Houellebecq tiene fama de escandaloso, la forma en que cuestiona el orden político abre la herida de los hipócritas, ya por su origen de clase o por el ejercicio de funciones relativas al poder. Ironía, humor, y una pizca de revulsión, siempre le reportaron beneficios. Pero no es tan importante reflexionar sobra la calidad literaria que ostenta como preguntar por cuál es el rol de la novela en tiempos de maximalismo. Humberto Eco acaba de declarar al Corriere della Sera: “Son las religiones del libro las que provocan las guerras para imponer las ideas contenidas en sus textos.” Esto implica que la lectura múltiple de estilos y géneros se enfrenta a una lectura que se profundiza en la repetición de un texto único, sagrado, y por lo tanto inamovible. El mandamiento, sin importar la religión, exige obediencia y respeto. Reclama un orden que aspira a lo eterno. Para Eco, este orden “es una nueva forma de nazismo, con sus métodos de exterminio y su voluntad apocalíptica de apoderarse del mundo”. Rushdie, amenazado, paseó de incógnito por Buenos Aires. Si ven a un tipo delgado, pálido y desprolijo como Charly García, ya saben de quién se trata.

Publicado en Sección Cultura, Perfil Diario. 10-01-2015

La vida de hotel y la llanura

Por Jorge Luis Borges

Ahora bien, creo que se ha confundido la excelencia estética del poema con la excelencia del personaje. El personaje no es un hombre admirable, desde luego, creo que los gauchos tienen que haber sido más duros, en cambio Fierro se queja continuamente; creo que eso es inverosímil. De algún modo, sin embargo, creemos en Fierro, nos identificamos con él, y además es un libro que da la impresión de… Parece que fue escrito, según el autor, en una semana. Parece que escribió ese poema para distraer el ocio de la vida de hotel. Quiere decir que, sin saberlo, estuvo preparándose toda su vida para escribir ese poema. Según algunos (creo que es lo que generalmente se acepta), ese hotel estaba en la calle Reconquista o 25 de Mayo, cerca de la Plaza de Mayo; pero otros piensan que lo escribió en un hotel de Santa Ana do Livramento, porque él participó en la conjuración por el asesinato de Urquiza y luego huyó al Uruguay; y puede haber escrito el libro en la frontera. Hay esas dos ideas: puede ser un hotel del Brasil o un hotel de la Plaza de Mayo. Aunque algunos brasilerismos hacen pensar que estaba refugiado allí y que los “gaúchos” o gauchos del Brasil le trajeron recuerdos de los gauchos de la provincia de Buenos Aires. Continuar la lectura