[Hablemos de los fakes. ¿O somos hablados por ellos? ¿Alguno en particular? Si se es hablado por un fake universal, ¿es Él en estado político transimaginario? ¿En qué medida la red social twitter revaloriza el enunciado mitológico del muerto regresado? ¿“Red social” es el uso real o una aparente designación intuitiva? ¿Lo social está en lo virtual? ¿Quién come viruta de bits? ¿Un loco o un tonto? Y así, cuando el infinito se debate por cuál estrella es el último referente espacial (en caso de que un concepto filosófico tome independencia del emisor), adviene el texto breve, en broma, o sin humor, sépase al leer, al invocar. El derecho a la cita no está contemplado en ninguna constitución, salvo que se borre el nombre del padre. El cuento que sigue está intervenido lateralmente por una discusión (el simposio) sobre la identidad virtual profanada: que un otro se enuncie como otro. Ser diciendo lo que otro. Ser un texto falso, ¿pero hasta qué punto? ¿Los puntos definen la falsedad? Y de ser falso, ¿importa? ¿Hay billetes virtuales que admitan falsificación? Está Vonnegut, el homenaje. Está y no lo está. En sí, no hay nadie. Mientras J. Maggi (¿Es en algún dimensión? ¿Existe?) redactaba la ficción, el intercambio en twitter recrudecía: un usuario encontraba el nombre de la pieza literaria, otros tironeábamos del hilo para que el autor emitiera más juicios al respecto. No sé si realmente la escribí –pues sentí un abismo en el debate–, pero la siguiente frase resulta extraña: “El fake no tiene ADN sino cadena lingüística...” Bien, que nadie pida traducción o explicación alguna, carece de importancia. Mientras tanto, decretemos la muerte fake de Žižek, ¿o no la merece? OG.]
Por J. Maggi
Todavía Fogwill no había terminado de escribir «los pichiciegos» que ya al colimba lo habían hecho bailar sobre la mierda del establo. Hasta llegó a pasar un buen tiempo hasta que Fogwill terminase la primera versión del borrador para que suceda la charla entre el pastor evangélico y el colimba arriba de una chata en dirección a Buenos Aires. El viaje entre Campo de Mayo y Buenos Aires se sucedia por caminos que parecían haber sido mantenidos por un ejército de boqueteros. El pastor evangélico le fue explicando tranquilamente cómo las balas de los ingleses iban a ser desviadas por Dios, el colimba le preguntó como lo sabia y el pastor evangélico respondió que Dios se le había aparecido en el desayuno señalando una higuera infectada de hongos en donde encontró un corazón que decía “Argentina”. Al colimba le pareció todo un poco dudoso y le preguntó por qué infería que el corazón en que decía Argentina estaba relacionado con la guerra, con las balas del enemigo. Dios todo lo sabe, le respondió el pastor metiéndose los dedos en la nariz y, después, señalando el cielo como si en las nubes, de golpe, fuese a aparecer la explicación que al colimba le era incomprensible. Por un momento pensó en pedirle que lo dejase ahí en medio de la nada e irse caminando hasta el basural de Operación Masacre, detenerse en el punto preciso donde los dos árboles se conjugan para conformar uno, «ilusión óptica» o algo por el estilo había escrito Walsh en el libro, algo sacado de Chesterton, agrega un poco más adelante, tal vez no diga nada y todo esto lo haya inventado el colimba en ese momento y, en vez de dos árboles, uno viese todos los árboles del mundo proyectados en uno solo, una especie de portal.
El fake es la oficina de bromatología de todo óvulo. Los condenados a muerte suelen decir a sus psicólogos que son fakes esperando la redención. En el tomo cuarto de «Relatos de pre-muerte» de la editorial Argonauta, se pueden leer frases como: «lo he dado todo y sin embargo nunca me he sentido completo, ni siquiera en la muerte del otro»; «desperdicié muchos años de mi vida con la esperanza de verlos a ustedes muertos y, sin embargo, nada de todo ello me fue posible»; u otras tan incomprensibles como: «el terreno es fructifero de noche»; «no hay elemento que se equipare a la pérdida de un ojo»; «la escenografía es eficaz cuando alguien la difunde», entre otras. Si todos fuésemos capaces de comprender, aunque sea una sola vez que hemos sigo alguien y, que ese alguien, alguna vez, fue otro de otro, un fake provisorio por sobre todas las cosas, seríamos felices. Continuar la lectura