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Una breve introducción ante el espanto

Por Omar Genovese Anotaciones sobre los textos de Levon Khechoyan en El alambre no se percibía entre la hierba (relatos sobre la guerra de Karabagh), Levón Khechoyan y Hovhannés Yeranyan, Hecho Atómico Ediciones, 2015. Traducción de Alice Ter-Ghevondian y Ana Arzoumanian. La guerra de Nagorno Karabaj ocurre, con menor y mayor intensidad, entre 1988 y […]

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De la imposibilidad del amor

Por Omar Genovese

Sobre Las mujeres que amé, Daniel Guebel, Literatura Random House, 208 p., febrero 2015.

Oscila entre la novela y el ensayo. También adquiere la forma de exposición analítica de una teoría sobre lo inalcanzable que, como noción general, parece blandir la finitud del deseo, su escaso valor al lograrlo, su poder de tracción mientras se aleja de quien busca satisfacción. El que escribe, ése yo tan inocente como crédulo, puede ser el niño Guebel que, en una parábola de pesadilla, trata de comprender sobre la materia convertida en escritura, el acto mismo de narrar, la vigilia de la relectura y el espanto final ante un tiempo que solamente volverá como recuerdo desfigurado. El ser deseado es un sueño que retorna con la duda sobre lo real, otra vez, y otra. Lejos del espanto que supone el abismo de un pozo, como ocurre en las novelas de Pablo Farrés, Guebel retoma la reiteración del suceso en la obsesión más absoluta, evoca al apasionado por la Lolita de Nabokov, evoca a la lógica monolítica de un Kafka atrapado en una celda donde lo han encerrado a escribir sobre cómo quedó condenado a escribir: “La literatura es siempre una expedición a la verdad”. Continuar la lectura

Presentación de “el alambre no se percibía entre la hierba”

flyer el alambre HA baja

Que algo quedará

Gárgola Ediciones invita a la presentación de

Que algo quedará

de Jorge Goyeneche.

Acompañarán al autor Omar Genovese y Ricardo Romero

Jueves 19 de marzo, 19 hs.

Fundación Tomás Eloy Martínez, Carlos Calvo 4319, Piso 1º

El protagonista de esta novela viaja en el tiempo, pero eso no es lo importante. El protagonista de esta novela es un mentiroso consumado, pero eso no es lo importante. El protagonista de esta novela vive gracias a la plata que su hermano narco le hace llegar de maneras misteriosas y estrafalarias, pero eso tampoco es lo importante. Lo importante en esta nueva novela de Jorge Goyeneche es que esa voz convencida y convincente que nos arrastra página a página, es portadora de una extraña y lúcida alegría que nos permite apropiarnos del naufragio.

Entre los avatares políticos de la Guatemala de mediados de siglo y los palíndromos y los mensajes en clave; entre los secretos de la identidad y los derroteros generacionales de quienes quisieron cambiar el mundo, Goyeneche pone en evidencia la precariedad de eso que creemos es nuestra vida, de la Historia y sus versiones, para dejar en pie sólo lo esencial: las formas leales del amor.

Que algo quedará obtuvo en 2009 el primer premio en el concurso literario del Instituto Cultural de Puerto Rico.

 

El fango en la flor

Por Omar Genovese
Resulta exquisito, y acaso divertido, también justo, que la literatura de Osvaldo Lamborghini siga causando tanto rechazo como admiración. Como un mapa sin resolver de manera geométrica, su pequeño librito que revolucionó las letras argentinas (la leyenda dice que así se presentó ante Rodolfo Walsh en casa de Pirí Lugones, la nieta del poeta nacional muerta bajo tortura en la ESMA), causa estragos en la cautividad de los lectores foráneos a cierta lengua que le pertenece cual territorio que presupone aquél mapa abandonado por los exploradores. Parábolas y laberintos. Las primeras parten de la confusión de los significados, metonimias, juegos, nombres osados y estragados, con la glosa que se regurgita en el resonar de la mente inflamada, torturada, por el cerco de la muerte. Del otro lado de la moneda, o al bies del mapa, la infinitud y pequeñez de los pasillos donde la certeza es apenas hilván, y el lector se pierde. De manera literal: quien lee queda desierto en una pampa seca. La lectura de El Fiord ahoga, es tierra en la garganta, tierra muerta, pero una tierra abandonada que al explorarla anula la posibilidad del regreso. Continuar la lectura

Un cuento para Kala

Por APG

El día jueves 29, en el Cementerio de la Tablada, entre todo lo sucedido, hubo espacio para un cuento. Se lo contaron a ella pero lo escuchamos todos; todos los que estábamos ahí en un semicírculo tupido de congoja alrededor de la tumba de Alberto, bajo un sol picante e impertinente negado por el abanico de cabezas gachas: al dolor le va mejor la lluvia. Se trató de un relato infantil con “moraleja” sobre una mariposa y un cocodrilo que contó el Rabino Marcelo Polakoff para la pequeña K, la hija menor de Alberto. No creo cometer ninguna infidencia si se los cuento, pero antes de hacerlo me gustaría plantear un dilema, proponer una discusión que -presumo- viene al caso. Porque instiga a pensar. A discutir. A insistir, como dice Kovadloff.
Dos deshollinadores salen de una chimenea. Uno sale completamente negro y el otro completamente blanco. ¿Cuál de los dos se va a lavar?

Niño-deshollinador Continuar la lectura

Mi primo Alberto

Por APG

Hace un par de días que no hago más que ver y ver una vieja película. No se lo ve en imagen pero yo les cuento: el que filma, es mi padre. Se pasó gran parte de nuestra infancia, ausente; tras una máquina Súper Ocho: filmando. Lo más divertido era cuando, luego de ver las películas sobre una pared del living que despejaba mi madre quitando, una y otra vez, un cuadro de Carlos Alonso, mi papá rebobinaba el carretel sin apagar la luz del proyector. Mágicamente, como un truco de infancia, lo vivido retrocedía aceleradamente hasta esfumarse en el momento en que la cinta comenzaba a girar en falso. Nos divertíamos -mis hermanas y yo- tan solo con vernos desafiar a la lógica del movimiento y a la irreversibilidad del tiempo. Qué tontas.
Hace un par de días que no hago más que mirar una vieja película. Una de esas tantas. La calidad es pésima, producto de haber soportado la conversión a sucesivos formatos: de carretel a VHS, a DVD, a digital. Y en ese traspaso no sólo perdió calidad sino también la magia. Ya no me divierte. Pero no se trata de la desilusión de la imposibilidad de rebobinar. O sí.
La filmación, de alrededor de seis minutos de duración, transcurre a principios de los ´70, en el comedor de la casa de una tía abuela que ya no está, a causa de la ley de la vida que hizo que más de la mitad de las personas que celebrábamos una festividad judía, en ese comedor, también estén muertas. Eran abuelos y tíos abuelos. Inmigrantes. Salteando una generación, estamos nosotros, los más pequeños, jugando a disfrazarnos de grandes. Mi primo Alberto hace morisquetas frente a la cámara con un sombrero Borsalino y luego se deja caer sobre la falda de mi tía Sara, que lo abraza. Continuar la lectura

Sumisión, o el novelista como blanco móvil

Por Omar Genovese
El novelista francés Michel Houellebecq, luego del atentado a la revista Charlie Hebdo, fue puesto bajo custodia policial y el pasado jueves abandonó París con destino incierto. En la señal de televisión Canal Plus dejó grabado un mensaje al público. El escape va más allá de sentirse afectado por la muerte de su amigo Bernard Maris en la masacre y de que él mismo formara parte del chiste de tapa de la última edición de la revista (en la caricatura afirma que en 2015 perderá sus dientes y en 2022 adherirá al ramadán). En sí, Houellebecq corre riesgo de muerte a raíz del lanzamiento, en el día del atentado, de su última novela: Sumisión. En ella propone que Francia será gobernada por un partido político islámico. La trama involucra a Marie Le Pen, líder de la derecha (que trata de capitalizar el magnicidio proponiendo una consulta popular para reinstaurar la pena de muerte), al desgastado Hollande y a una sociedad civil que claudica de la Ilustración convirtiéndose a la fe de Mahoma, ejerciendo sus costumbres, aceptando una verdadera sumisión.
A esta novela se la consideró como uno de los sucesos editoriales para el año que comienza. Así, el mercado cultural estaba advertido del contenido por la circulación de versiones apócrifas en internet, y hasta algún archivo con la novela original. Una forma tecnológica de crear expectativa que, ante la realidad contundente, queda como un detalle insignificante. La editorial Flammarion también está bajo amenaza y sus instalaciones tienen custodia policial. Es que ya no se trata de la fatwa que recibiera Salman Rushdie por parte del ayatolah Komeini en 1989, gesto político y de propaganda de su régimen en Irán, sino que la Jihad actual no advierte, entra en acción. Se puede inferir que los libros de occidente, la novela por caso, se encuentran en riesgo. Puede que un atentado se produzca en librerías donde se exhiba Sumisión. ¿El terror romperá la cadena de distribución del libro? ¿O alcanzará con inscribir en el frente de las mismas alguna frase alusiva de Estado Islámico?
Si bien Houellebecq tiene fama de escandaloso, la forma en que cuestiona el orden político abre la herida de los hipócritas, ya por su origen de clase o por el ejercicio de funciones relativas al poder. Ironía, humor, y una pizca de revulsión, siempre le reportaron beneficios. Pero no es tan importante reflexionar sobra la calidad literaria que ostenta como preguntar por cuál es el rol de la novela en tiempos de maximalismo. Humberto Eco acaba de declarar al Corriere della Sera: “Son las religiones del libro las que provocan las guerras para imponer las ideas contenidas en sus textos.” Esto implica que la lectura múltiple de estilos y géneros se enfrenta a una lectura que se profundiza en la repetición de un texto único, sagrado, y por lo tanto inamovible. El mandamiento, sin importar la religión, exige obediencia y respeto. Reclama un orden que aspira a lo eterno. Para Eco, este orden “es una nueva forma de nazismo, con sus métodos de exterminio y su voluntad apocalíptica de apoderarse del mundo”. Rushdie, amenazado, paseó de incógnito por Buenos Aires. Si ven a un tipo delgado, pálido y desprolijo como Charly García, ya saben de quién se trata.

Publicado en Sección Cultura, Perfil Diario. 10-01-2015

La vida de hotel y la llanura

Por Jorge Luis Borges

Ahora bien, creo que se ha confundido la excelencia estética del poema con la excelencia del personaje. El personaje no es un hombre admirable, desde luego, creo que los gauchos tienen que haber sido más duros, en cambio Fierro se queja continuamente; creo que eso es inverosímil. De algún modo, sin embargo, creemos en Fierro, nos identificamos con él, y además es un libro que da la impresión de… Parece que fue escrito, según el autor, en una semana. Parece que escribió ese poema para distraer el ocio de la vida de hotel. Quiere decir que, sin saberlo, estuvo preparándose toda su vida para escribir ese poema. Según algunos (creo que es lo que generalmente se acepta), ese hotel estaba en la calle Reconquista o 25 de Mayo, cerca de la Plaza de Mayo; pero otros piensan que lo escribió en un hotel de Santa Ana do Livramento, porque él participó en la conjuración por el asesinato de Urquiza y luego huyó al Uruguay; y puede haber escrito el libro en la frontera. Hay esas dos ideas: puede ser un hotel del Brasil o un hotel de la Plaza de Mayo. Aunque algunos brasilerismos hacen pensar que estaba refugiado allí y que los “gaúchos” o gauchos del Brasil le trajeron recuerdos de los gauchos de la provincia de Buenos Aires. Continuar la lectura

Porrúa: más que un mito, un ejemplo

Por Omar Genovese

El editor no es una especie, tampoco una deformación intelectual entre el lector y el texto. El editor es la pericia de la negación y la astucia de un lector voraz: busca con sensibilidad singular para ofrecer a la cultura (sin importar su talla) un remedio al embrutecimiento siempre reinante. El editor literario suma un plus: no comunica, hace catálogo, conforma la lista de títulos que hacen a un fondo editorial. Algo tan simbólico como inasible. Y para ello posee una imaginación prodigiosa. Supone la emoción de la lectura influenciada por su decisión. Y esa magia, en el pase de ojos, produce un fenómeno que es la formación de un lector para toda la vida. Francisco Porrúa era un alquimista en tales subrayados y falleció el pasado 18 de diciembre en Barcelona, a los 92 años. Continuar la lectura

The Interview

Por Omar Genovese

Temprano en la mañana de la navidad perdí el tiempo contemplando el producto televisivo denominado The Interview. Porque es eso: un film en homenaje a la TV basura, al amarillismo de octava. Imaginen conmigo una hipótesis de máxima (y a la vez de mínima). Despertamos en la mañana de la navidad, un poco sedados por el sueño y los excesos digestivos, encendemos el televisor para conocer sobre el clima, o los muertos por los festejos, da lo mismo. Pero qué encontramos: los únicos programas que se emiten son aquellos donde aparecen Rial, Mauro Viale, Tognetti, sin dejar de lado que el noticiero más extenso lo capitanea Brancatelli (la lista pueden completarla con el adefesio que consideren). Bien, el espectáculo malévolo tendría un único fin tan evidente como efectivo: convertirnos en perfectos idiotas. Perfectos por ser idiotas. E idiotas por creernos perfectos. Continuar la lectura