Por David Wapner
La nazionista Eden Abaryil tiene 600 seguidores en Facebook.
Las fotos que colgó no son producto de una exhibicionista enferma, Eden Abaryil recibe alimento y sustento sustancial que le permite hacer lo que hace.
Ella declara que no tendría problemas en matar a un árabe, incluso si tuviese que sumergir su cabeza y ahogarlo. No es este un pensamiento raro, anómalo: muchos de sus amigos, parientes o vecinos piensan lo mismo. No todos lo dicen, o muestran, de la forma en que lo hace Eden, u otros soldados, de la reserva o en actividad, en Facebook, u otras redes sociales. La madre y el padre de todos los israelíes, el Tsahal, manifiesta vergüenza y ofrece castigo y degradación para la chica. El detalle: es el Tsahal quien propicia la humillación del prisionero palestino. Es en su seno en donde se realizan estas sesiones fotográficas que no muestran otra cosa más que lo que sucede en ese momento: soldados israelíes humillando a sus prisioneros. En el caso de aquellos que se exhiben con el cadáver de un mejavel (subversivo) “abatido”, el cuerpo del hombre muerto es su trofeo de caza: ciervos, jabalíes, palestinos. Esta iconografía es parte de un imaginario que tiene una aprobación tácita en la población israelí. No hay indignación “en el aire” por estas revelaciones. A lo sumo, turbación por revelar la trastienda, por mostrar los calzoncillos y bombachas sucios de caca. Pero no hay asco, nadie se repugna, ni siquiera una tos: no hay malestar. Están, claro, los ex-soldados de la organización Shovrim et hashtiká, “Rompiendo el silencio”; está la Asociación de lucha contra la tortura, están los jóvenes anarquistas, están las organizaciones de derechos humanos, están algunos académicos atrevidos y con dolor verdadero por lo que ven y lo que saben; están los periodistas esclarecidos. Todos, muy solos, aislados, vueltos hacia sí mismos o hacia el exterior, desde donde se les devuelve el eco. El israelí medio no los quiere, o los ignora. Son los zurdos, y el gobierno alienta la idea de que son traidores. Leyes, o proyectos de ley, apuntan a castigar cualquier cosa que sea considerada como deslealtad a la patria. Por ejemplo, alentar, en forma directa o indirecta, un boicot de cualquier tipo a Israel. No se han visto manifestaciones públicas de relevancia para protestar contra estas mordazas. El motivo es simple: hay aprobación tácita. La misma que da aliento a esta soldada, y a sus émulos, para posicionarse y hacerse fuertes en Facebook. Seiscientos seguidores, para una nada, para un sorete como Eden Abaryil no es poca cosa. El ejército, en actividad o en reserva, que es buena parte de este país, está compuesto por miles de nadas que juntas adquieren entidad. Son el arma, son la fuerza de lemmings que empuja a este estado hacia su tumba.